Expertos aseguran que los daños que han provocado en el ecosistema y la salud humana son indiscutibles y llaman a poner atención a las alternativas que se eligen en su reemplazo.

Cada 3 de julio se conmemora el Día Internacional Libre de Bolsas Plásticas, una fecha que busca reducir su consumo y generar conciencia en torno al grave problema medio ambiental que éstas representan. Si bien son cada vez más las normativas que limitan su entrega y utilización, lo cierto es que este producto, cuya vida útil no supera los 30 minutos y puede demorar hasta mil años en degradarse, sigue estando presente. De acuerdo con estimaciones recientes, cada año se utilizan alrededor de cinco mil billones de bolsas plásticas y más del 60% termina en océanos y vertederos.

Para Natalia Conejero, directora de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Bernardo O´Higgins, los daños que han provocado son indiscutibles y se pueden observar en la contaminación del suelo, océanos, ríos, cadena alimentaria, emisiones de gases de efecto invernadero y su impacto en la vida terrestre. “Además, el plástico utilizado en las bolsas puede contener aditivos y productos químicos que terminan afectando la salud de las personas. Otro factor clave es la forma en que contaminan el agua potable al descomponerse en fragmentos más pequeños como microplásticos”, asegura la académica.

En el mundo, un número creciente de países están instaurando normas para combatirlas, Bangladesh fue pionero al hacerlo en el año 2002 y Chile fue la primera nación latinoamericana en promulgar una ley para eliminar gradualmente su uso en el comercio, estableciendo multas y sanciones. Han transcurrido casi 5 años desde ese hito y, según datos del Ministerio del Medio Ambiente, sólo en los primeros 24 meses se evitó la entrega de 5 mil millones de unidades. Aún cuando estas políticas son un avance, los especialistas advierten que es fundamental poner atención a las alternativas que se eligen en reemplazo a este popular formato. En el caso del papel, por ejemplo, se debe considerar que su producción contamina la atmósfera alrededor de un 70% más que el mismo proceso para un producto plástico. En esa misma línea, un estudio en Dinamarca estimó que una bolsa de algodón debería utilizarse más de 7 mil veces para ser realmente más sustentable que una de plástico convencional. 

En este camino de encontrar soluciones, la innovación juega un rol clave. De hecho, un reciente reporte de Naciones Unidas, que definió una serie de medidas para combatir los plásticos de un solo uso, recomendó  la utilización de nuevos materiales ya que esto podría contribuir a disminuir en un 17% en la contaminación por plásticos. “Los bioplásticos son una buena opción porque tienen la gran ventaja de mantener la versatilidad y funcionalidad del plástico, sin sus efectos nocivos. Esto, dado que están hechos de plantas u otros materiales biológicos, no de petróleo. El desafío, en este caso, es educar a la ciudadanía para que sepan identificarlos, usarlos de buena manera, y realizar el ciclo completo para que los residuos se gestionen de manera adecuada”, comenta Rodrigo Sandoval, CEO de I Am Not Plastic, emprendimiento nacional que ofrece bolsas de basura, herméticas reutilizables y para desechos de mascotas 100% compostables. En este sentido, Sandoval comenta que todos sus productos se biodegradan en 180 días en lugar de 500 años “si se realiza el proceso de compostaje adecuado, donde microorganismos como hongos o bacterias se alimentan del material de la bolsa convirtiéndolo en agua, biomasa (humus), sales minerales y dióxido de carbono”.

En cuanto a las proyecciones, Conejeros enfatizó en que es urgente hacer un cambio, siendo lo más importante fomentar una verdadera cultura de reciclaje y promover opciones sostenibles: “El consumo de plástico ha generado efectos significativos en nuestro planeta. Los océanos en particular han sufrido grandiosos daños producto de los desechos derivados de las bolsas de este material, provocando la muerte de diversas especies y causando alteraciones al ecosistema”.